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La salud de la Tierra va de mal en peor, pues los atentados continúan. El calentamiento global avanza a pasos cada vez más acelerados. Se promete mucho, pero el interés por la vida futura del planeta y de nuestros hijos casi no existe. Al parecer, existe una obsesión por seguir en los mismos errores y por no reconocerlos como tales, aunque hace mucho tiempo se dijo que no solamente debemos preocuparnos por lo que debemos hacer, sino que tambièn es muy importante saber lo que no se debe hacer.

La reunión que mañana lunes 7 de diciembre comienza en Copenhague es posiblemente una de nuestras últimas esperanzas no ya para recuperar totalmente la salud de la Tierra pero sí para evitar o paliar catástrofes próximas. El uso del tiempo es valioso en favor de crear planes estratégicos que nos permitan crear soluciones a los peligros que se avecinan, por ejemplo como consecuencia de los deshielos y de las próximas sequías en muchos puntos del globo.

Esperamos que los mayores responsables asuman con seriedad su rol de contribuir a la descontaminación del medio ambiente y a ejecutar planes estratégicos para no sacrificar a los vivientes de toda especie.

Creo que resulta pertinente indicar que el carbón es uno de los recursos más contaminantes que hoy seguimos empleando. Entre los países que más carbón queman, por continente,  son considerados Alemania, China, Sudáfrica, Estados Unidos y Australia, según datos recientes que proporciona National Geographic, en un estudio vinculado con las energías del futuro.

En cuanto a las emisiones contaminantes propias de la industria, mayores porcentajes corresponden a China,Japón,  Rusia, Alemania, Estados Unidos; Canadá y Brasil.

Respecto a las emisiones de bióxido de carbono proveniente del uso habitual de la electricidad y otros combustibles de los hogares, llevan la delantera Kuwait, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Estonia, Estados Unidos y Australia.

Las emisiones debido al transporte tienen mayor porcentaje en China, Japón, Rusia, Alemania, Francia, Estados Unidos, Canadá, México, Brasil, Venezuela, Sudáfrica y Egipto.

Estos países son los que con mayor seriedad y responsabilidad ética deben proponer las medidas que tiendan a corregir los errores históricos que han provocado la triste realidad que hoy envuelve al planeta.

Un día, hace cuarenta años, mi padre dio en casa una noticia que entonces parecía un hecho sin mayor significado, algo que podía ser producto de alguna variación climática pasajera, como ha ocurrido innumerables veces, pero dentro de un real equilibrio ecológico.

Pero, con el tiempo vino una triste comprobación. Efectivamente,  el manantial de Faena Huata, el más importante que conocíamos y del que recogíamos el agua diariamente y nos servía para irrigar una parte de las tierras cultivables, habìa disminuido su caudal. Desde entonces, el agua siguió bajando y causa temor que se seque del todo.  En los últimos cuarenta años, entre los tres mil y cuatro mil metros de altura, más de la mitad de los manantiales de la sierra peruana  ha desaparecido. Muchos terrenos de cultivo que eran de riego, ahora apenas si pueden producir una vez al año si es que hay suficientes lluvias estacionales. El campesino ha mantenido su lucha por la supervivencia mediante cambios de hàbitos, pero cada vez hay mayor incertidumbre y mayores riesgos.

Copenhague es una esperanza, especialmente porque hay la posibilidad de que realmente surja la buena voluntad para planes y acciones que efectivamente signifiquen el cambio de actitud del ser humano. No es solo el presente lo que importa. Interesa tambièn el porvenir, de los que ahora son jóvenes y niños…

Creo que los peruanos, sin ningún afán de exageración, somos hijos de la biodiversidad, hemos vivido desde niños con ella, ella evitó mil veces que padeciéramos hambres crónicas, que mucha  gente pobre se muriera pronto. Ahora mismo, en Lima, quien no tiene suficiente dinero, puede desayunar un ponche de habas, maca, leche de soya, quinua, acompañandolos con el pan que diariamente llega de Huaraz o de la sierra central. Igualmente, se puede cobrar fuerzas con  media docena de huevitos de codorniz o con una buena ensalada de frutas multicolores, multisabores, multivitamínicas. Hay una enorme lista de plantas curativas con las cuales nos sanaron de todo tipo de enfermedades, sin necesidad de un médico (sin disminuir en nada el mérito de los profesionales serios), tanto en la costa, en la sierra, como en la selva.

Conocer los alimentos existentes en el Perú no es una tarea tan fácil, no obstante las ferias culinarias que cada vez son más frecuentes. Creo que conocemos una parte de ellos. Creo que casi nadie conoce directamente todo cuanto existe. En este quehacer, enaltecemos  la extraordinaria misión que se ha propuesto Gastón Acurio, un indiscutible ejemplo de lo que debió ser la mentalidad peruana desde hace tiempo. Felizmente, llegó Gastón, un redentor del Perú tanto tiempo oculto o menospreciado. Gastón es ejemplo de lo que debió ser y debe ser el alma del peruano auténtico, noble, honesto, con raíz propia. Cuánta pena da que muchos, habiendo nacido aquí, tienen alma de visitantes.

Asimismo, y sin discusión, nos parece diabólica la posición de quienes en este territorio creen (o dicen creer) en las bondades de los transgénicos. Entre las varias locuras generadas por quienes sólo tienen interés en mantener sus sueños nunca alcanzables de “todopoderosos e inmortales”, los transgénicos son una “creación” condenable porque van en contra de la convivencia pacífica  y de  la solidaridad, en contra de la fe en la libertad y la creatividad del género humano y en contra de la globalización efectiva, sin distinción de procedencias, razas, doctrinas religiosas y otras diferencias siempre discutibles.  

Nuestros agricultores superion resolver, desde siempre,  los problemas de todo tipo de amenazas en contra de la flora y la fauna. Basta recordar la historia del, que brilla por su finura en el mundo. La historia de la papa tiene igual excelencia, a partir del estudio de suelos, climas, tipos de semillas, resisstencia a plagas  y abonos naturales.

A propósito de nuestra devoción por la biodiversidad, Previsión & Bienestar, revista del Sistema Privado de Pensiones, en su edición 1, 2009, incluye un valioso artículo que debe ser motivo de lectura general. A continuación, el texto respectivo.

EL PERÚ Y LA RIQUEZA DE SU MEGADIVERSIDAD

Nuestro país se encuentra en el “Top Ten” de las naciones con mayor diversidad biológica y cultural de la Tierra. La variedad de ecosistemas, especies, recursos genéticos y culturas nos distingue; sin embargo, la práctica responsable y la toma de conciencia de nuestros actos son tareas aún pendientes si queremos seguir siendo uno de los abanderados.

MEGADIVERSIDAD

País megadiverso es la denominación que se da a  cualquiera de los 20 países con mayor índice de biodiversidad de la Tierra, es decir, que albergan la más diversa fauna y flora del planeta. Cabe considerar que muchas de estas plantas y los animales son especies endémicas, vale decir que sólo se encuentran en determinados lugares geográficos. Hablamos principalmente de países tropicales, como los del sureste asiático y de América Latina, que albergan en conjunto más del 70% de la biodiversidad del planeta a pesar de que sus territorios representan el10% de la superficie del planeta.

“Con su variada topografía y diversidad de hábitat, desde nieves perpetuas hasta selvas húmedas tropicales y áridos desiertos costeros, el Perú posee una riqueza biológica difícil de igualar”, afgirma Luis Fernando Potes, biólogo especializado en conservaciònh y vida silvestre y Máster en estudios ambientales de la Universidad de Yale.

El Perú ocupa el segundo lugar en el mundo en especies de primates y aves y el sexto en mamíferos. Con respecto a los países tropicales , ocupa el segundo lugar en aves y primates, con 1701 y 34 especiaes; el tercero en mamíferos, con 361 especies; sel cuarto en mariposas, con 59 especies; el quinto en reptiles, con 297 espescies, con 20 mil especies de plantas y 251, de anfibios.

ECOSISTEMAS

El ecólogo Antonio Brack Egg manifiesta que el Perù es un país privilegiado en biomasas únicas. Las más destacadas son:

- Mar frío de la Corriente Peruana, compartido con Chile y que es de alta diversidad y muy productivo.

- Puna y altos Andes, compartido con Bolivida, Chile y Argentina, con grandes formaciones de pastos naturales, bosques de altura y especies endémicas. En esta biomasa destacan dos lagos importantes: Titicaca y Junín.

- Bosques tropicales amazónicos, compartido con Venezuela, Colombia, Ecuador, Bolivia, Brasil, Guyana y Surinam. El Perú posee el 13% de estos bosques. 

- Bosques secos interandinos, con características muy peculiares y muy poco conocidos.  Los principales son Marañón, Huaylas, Huánuco, Mantaro, Apurímac, Vilcanota y algunos otros.

RECURSOS GENÉTICOS

Científicos de todo el mundo han señalado que una medida para salvaguardar el futuro del planeta y sus recursos naturales es la conservación de la biodiversidad. Esta preocupación es causada por la acelerada extinción de especies y ecosistemas, así como por el creciente valor económico de los materiales genéticos naturales con fines farmacológicos, alimentarios, industriales, entre otros.

El Perú posee una alta diversidad genética. Es considerado como uno de los centros mundiales más importantes de recursos genéticos de plantas y animales. Poseemos 128 especies de plantas nativas domésticas con centenares de variedades, además de las formas silvestres de esas plantas (cerca de 150 especies silvestres de papas y 15 de tomates). De los cuatgro cultivos más importantes para la alilmentaciòn humana a nivel mundial (trigo, arroz, papa y maíz), el Perú es poseedor de alta diversidad genética de dos de ellos: la papa y el maíz.

En lo que respecta a formas de animales domésticos, contamos con cinco: la alpaca, la llama, el cuy, el pato criollo y la cochinilla.

DIVERSIDAD CULTURAL

Se manifiesta por la diversidad del lenguaje, de las creencias religiosas, de las prácticas del manejo de la tierra, en el arte, en la música, en la estructura social, en la selección de los cultivos, en la dieta y en todo número concebible de otros atgrib utos de la sociedad humana.

El Perú ha sido beneficiado tambièn en este aspecto: cuenta con 14 familias lingüísticas y al menos 44 etnias distintas (42 de ellas se encuentran en la Amazonía). Estos grupos aborígenes poseen conocimientos importantes respecto a los usos y propiedades de las especies, diversidad de recursos genéticos y las técnicas de su manejo.

RESPONSABILIDAD

Nuestra realidad implica una alta responsabilidad. La investigación, la conservación y el desarrollo sostenible de posibilidades económicas en base a la biodiversidad debería, en consecuencia, ser una de las preocupaciones prioritarias de todos los peruanos, con el fin de ofrecerle a nuestras futuras generaciones un mundo mejor.

La basura, durante mucho tiempo, causó la angustia del habitante común de una metrópoli y de los responsables del servicio pùblico ordenado y saludable. Era, fuera de la imaginación de los pintores o los novelistas,  lo más lejano a incorporarse en una escala de belleza.

Para los más destacados constructores del paisaje moderno,  para quienes desarrollan la arquitectura ecológica y para quienes nos ofrecen  propuestas orgánicas en la vivienda actual, basura y belleza son dos momentos de un mismo proceso.  La basura resulta ahora un valioso recurso que impulsa a diseñar el paisaje del futuro, dentro y fuera de las más importantes ciudades del mundo. Se trata de resolver en forma creativa los desafíos que provocan por ejemplo, antiguas zonas mineras o industriales. La idea motriz consiste en alcanzar cada vez un mayor grado de relaciòn saludable entre el hombre y la naturaleza.

Esto es lo que muestra extensamente Martin Ashton en su excelente obra Arquitectos del paisaje, mediante 19 proyectos ejecutados en diferentes lugares de la Tierra, con sorprendentes estilos para el diseño de parques, plazas y jardines. El mismo Ashton destaca el trabajo del norteamericano Steve Martino, por el equilibrio que logra en la interrelaciòn entre diseño ecológico, artìstico y social; el del danés Preben Jacobsen, por el cuidado de los detalles y por la fusiòn de la jardinería oriental, el cubismo nórdico y lo tradicional europeo; los del japonés Fumihiko Maki, para quien es una constante la arquitectura como creadora del paisaje.

Para nosotros, tiene especial interés el proyecto del Parque Duisburg-Nord, pues se hizo para “reconvertir viejas áreas industriales de la cuenca del Ruhr”, en Alemania, en un lugar que, conservando lo simbólico de la instalación industrial como patrimonio histórico, se construyera espacios para el disfrute del público, teniendo como foco integrador el parque. Incluye una amplia colina verde, adornada de àrboles, para cuya construcciòn se emplearon toneladas de basura como base del hermoso relieve que hoy se ve y se recorre plácidamente.

En el Perú, uno de los proyectos más importantes para lo cual se viene aprovechando la basura de la metrópoli de Lima, està constituida por la construccciòn de la nueva Costa Verde, entre Chorrillos, Barranco, Miraflores, San Miguel y el Callao. Se ganará espacios para extender una vistosísima autopista a orillas del mar, acompañada por una moderna infraestructura para zonas de recreaciòn y deporte, ademàs de los servicios integrales que exige toda obra que cuide la belleza y la salud, como resultados para el bien comùn.

 

El calentamiento global y las inundaciones son caras de una misma moneda.El hecho de que el calentamiento de la Tierra se produce cada vez con mayor velocidad hace que a la vez se acelere el deshielo en lugares donde antes se apreciaban nieves perpetuas. Para comprobarlo, basta comparar fotos de turismo de hace veinte años sobre las cordilleras en el mundo.

Al subir el calor promedio, el hielo pierde consistencia, se quiebra y se disuelve. En este caso, hay un flujo desmedido de agua, que es signo de la muerte de los recintos nevados que contribuían al equilibrio climático en todas partes. A su vez, el efecto de los deshielos es causa de las inundaciones, como preludio de una desertificación cada vez mayor de la superficie terrestre.

Todo este hecho se produce como resultado del manejo irresponsable del medio ambiente, pese a los supuestos esfuerzos de evitar el impacto ambiental, como en el caso de la explotación minera, por ejemplo. El transcurrir del tiempo hará que el agua y los alimentos tendrán un valor incalculable. Los metales preciosos resultarán inútiles para rehacer la salud de las especies vivientes. Según los medioambientalistas más encumbrados, dentro de unos cinco años, el deshielo en el Polo Norte será total . Aunque no hemos llegado a un punto en que el colapso, por obra del hombre, será irreversible, nos acercamos a esa situación si nuestro comportamiento con el medioambiente no cambia drásticamente.

Peter Matthiessen es un ecologista norteamericano muy distinguido, con un amor superlativo por la naturaleza. Un fragmento de El fin de la Tierra, libro de Matthiessen, nos dice: “En esta época tardía, cuando aumenta la alarma mundial por el cambio climático y la inestabilidad de las pautas meteorológicas, como lo demuestran desde la escasez del suministro de agua a nivel local hasta la muerte de los glaciares en todo el planeta, resulta asombroso que la industria de la energía, sus científicos a sueldo y sus portavoces en el poder sigan fingiendo que el calentamiento global está por demostrar, a pesar de la capa cada vez más gruesa de emisiones tóxicas; sus tácticas dilatorias son potencialmente catastróficas, y lo son cada año más. He aquí algunos hechos que debemos conocer para determinar mejor a quién tenemos que creer:

En el siglo XX se registraron las temperaturas más altas del último milenio. Y en la última década del mismo, las temperaturas más altas de toda la historia. Las pautas de las precipitaciones están variando, produciéndose inundaciones y sequías cada vez más frecuentes y destructivas, más incendios, tempestades y catástrofes naturales, amén de la ruinosa erosión y la pérdida  de terrenos agrícolas, bosques y humedales. Están desapareciendo los arrecifes coralinos de los mares tropicales; la pérdida de la biodiversidad del planeta se acelera cada año; y se están trastocando las pautas de migración y disstribución de la fauna y la flora en todas partes. El anhidrido carbónico de las emisiones de los combustibles es con mucho el elemento más abundante entre los gases que producen el efecto invernadero, y las concentraciones de anhidrido carbónico en la atmósfera, que es ya el 30% más que hace dos siglos, aumenta exageradamente cada año sin que se haga prácticamente nada por evitarlo, una calamidad que nuestros herederos achacarán correctamente a la falta de visión de la nación más poderosa de la historia.

Como ha señalado un senador, Estados Unidos produe más del 25% de las emisiones de gases invernadero de todo el mundo y no hace absolutamente nada para solucionar el problema. Su obsoleta adicción al petróleo agrava la presión que soportan los ecosistemas para mantener la proliferación de las poblaciones humanas. Más de cien gobiernos responsables se han comprometido a ratificar el acuerdo sobre Kioto como un pequeño primer paso, y un número creciente de empresas con buen juicio, encabezadas por la British Petroleum y DuPont se han comprometido a desarrollar energía eólica, solar y de hidrógeno, a falta de una dirección gubernamental responsable. Investigando los beneficios económicos y sociales de las energías altgernativas a largo plazo, estas empresas han limitado sus emisiones de gases a los niveles estipulados en kioto, consiguiendo beneficios sustaciosos en el proceso. (En los últimos diez años y por iniciativa propia, DuPont ha reducido la emisión de gases un 65% y ha ahorrado 1,65 mil millones de dólares. Según los últimos anuncios de British Petroleum, las siglas de la empresa BP ahora quieren decir Beyond Petro, o sin petróleo.) Mientras tanto, algunas naciones como Dinamarca y Alemania están pasando a las energías limpias renovables; cuando se despeje la niebla tóxica, muchos países habrán conseguido una enorme ventaja económica sobre Estados Unidos, empapados de petróleo, que tardará muchos años en alcanzarlos.

Resulta lamentable que un ensayo sobre la Antártida y su historia geológica, su fauna, flora, medio ambiente y clima tenga que abordar temas que al parecer no guardan ninguna relación con todo ello, como desregulación medioambiental y geopolítica, contaminación atmosférica y liderazgo responsable o fatídicamente irresponsable. Pero en nuestro limitado planeta, todos los desafíos y problemas se entrelazan cada vez más y acaban siendo inseparables. No podemos resolver uno aislado de los otros y ninguno puede separarse ya del bienestar y el futor de nuestro frágil hábitat. El inmenso casquete de hielo de la Antártida influye en todos los océanos de la Tierra, en todos los climas y en todos los fenómenos atmosféricos; ya no puede tratarse como si fuera una región independiente. Al fin y al cabo, su hielo es el depósito y tesoro del 75% del agua potable de nuestro planeta en una época en que más de mil millones de personas no tienen agua que  beber. El número aumenta continuamente…”

Mientras algunas sociedades vivimos a la deriva, otras agregan la planificación social a la programaciòn natural. Europa  tiene una cultura suficiente encaminada a cuidar la vida en todas partes,  lo que significa cuidar los bosques, los ríos, los lagos y toda fuente favorable para la supervivencia de las diferentes especies vegetales y animales.

No sucede lo mismo en los paìses sudamericanos, en los que nuestro crecimiento desarticulado como grupos humanos ha provocado la pérdida acelerada de nuestros mejores recursos y, como consecuencia, un riesgo a mediano plazo para ser víctimas del egoísmo, del afán desmedido de riqueza y de nuestras más bajas pasiones.

Hay lagunas que han desaparecido o ahora son desiertos llenos de relaves mineros, los ríos antes famosos por su riqueza ictiológica ahora apenas sirven para utilizar el agua previo tratamiento especializado que evite intoxicaciones y enfermedades diversas a corto o mediano plazo. La tala irracional de los bosques ha cambiado desfavorablemente el grado de humedad, la frecuencia de las lluvias y el clima, todo lo cual hace que se vaya perdiendo la salud y el mantenimiento de nuestros ríos.

Felizmente, para nuestro medio, acaba de surgir un grupo de jóvenes limeños extraordinarios que se han propuesto realizar una campaña inmediata para rehabilitar el río Rímac, que en sus mejores tiempos, según los testimonios registrados por Raúl Porras Barrenechea, era un lugar con abundancia de peces y camarones.

La campaña comienza con la educaciòn de la poblaciòn, para que no siga contaminando el río. Gradualmente, la vida a las orillas del rìo debe ser diferente, y el trato al mismo debe pasar por una toma de conciencia de que el rìo es parte de nuestra vida diaria y va de la  mano con la salud mental y fìsica de la población.

Lo importante sería que, así como se quiere rehabilitar un rìo, se produzca una reacciòn colectiva para que todos y en todas partes busquen mejorar el medio ambiente, haciendo que los rìos recobren su salud. Sería una actitud excelente, como el inicio de rehabilitaciòn de la Tierra en esta parte del mundo. No es mucho ahora, pero puede ser un gesto inicial que se multiplique en miles de gestos en pos de salvar el agua y la tierra de su agonía, única y exclusivamente por nuestra culpa.

No olvidemos. Cada río es un organismo vivo. Hay que protegerlo, mantenerlo y hacerlo que sea parte de nuestro cariño cotidiano.

PACA1        UPACA1PACA1n signo básico de vida es la respiración, pero a nuestro planeta le vamos quitando esta respiración a diario. Seguimos con la mentira de que lo queremos, de que pronto cambiaremos, de que el problema no es grave, de que todo va a pasar, de que nos preocupa lo que sucede pero ahora no tenemos tiempo. En fin, y el mal se agrava minuto a minuto. El dueño de una mecánica acaba de arrojar a la calle todo la basura tóxica que le molestaba en sus talleres. Y ahora, los niños juegan con esa basura, sin darse cuenta de que es  lamentable para su bienestar.

Según la pésima educación que nos dieron, el agua, concretamente, era considerado un recurso inagotable, porque además nos decían que  la mayor parte del planeta estaba cubierto de agua. Solo que no nos aclararon o no sabían que el agua de los mares  no era apto para la alimentación.

Hace algunos años, parecía leyenda el que nos vendieran agua. Algunos pequeños lugares todavía disfrutan del agua pura de los manantiales, gratis, diariamente. No gastan un centavo para calmar la sed.

En las ciudades, el agua provoca dramas continuos. Y ahora, el agua natural no se puede consumir directamente porque está contaminada, es peligrosa para nuestra salud. Y la industria del agua es entonces floreciente. Nos hemos acostumbrado a comprar el agua en botellitas. Millones de seres humanos consumen ahora el agua industrializada para evitar enfermedades; aun así los enfermos del estómago crecen constantemente en el porcentaje general.

A propósito de cómo vamos liquidando las reservas de agua en el mundo, queremos reproducir una crónica escrita por Edgardo Rivera Martínez, un escritor jaujino (Perú) sobre la agonía de la laguna de Paca, gracias al interés de Martha Meier, que tiene la autoría de la entrada al texto de Rivera.

PACA1PACA: ELEGÍA DE UNA LAGUNA

Los totorales se mecen al viento, alargan su talle humedecido hacia el cielo como verdaderas espadas batiéndose a duelo con las nubes. Un ave alza vuelo y su silueta se refleja en el agua de Paca que cambia sus colores junto a los del día. Quieta, escondida, solitaria. Así se extiende ella, rodeada de pequeños cerros sobre las alturas andinas. Apenas seis kilómetros la separan de la celebérrima y colonial ciudad de Jauja. Tan hermosa laguna del departamento de Junín está ubicada a 3,390 metros sobre el nivel del mar. Paraje de irrepetible belleza, con un gran potencial para el desarrollo de proyectos ecoturísticos y programas de conservación de aves acuáticas y flora nativa y medicinal de esta parte del Perú. Como tantos otros rincones de nuestro país, lamentablemente, sufre creciente degradación. ¿Los culpables? La historia de siempre…nosotros mismos. Antaño remanso de paz, hogaño sucesión de establecimientos de recreo que vierten sus desagües en el vientre de la otrora límpida Paca. Cientos de hombres, mujeres y niños disfrutan de paseos a este lugar, cercano a la ciudad de Huancayo, sin saber que por ellos el paraíso ha empezado a desaparecer, agobiado por las basuras. A continuación una sentida nota del renombrado escritor Edgardo Rivera Martínez, quien con su fina prosa nos devuelve un mundo a punto de desaparecer (MMMQ)

Mi familia tenía, en la época de mi infancia, una parcela en la ribera oriental de la laguna de Paca, al pie de unos cerros bajos y rocosos, y en la cual se daban los choclos más dulces de que yo tenga memoria. Una parcela pequeña pero que por su producción era para nosotros inapreciable, y que cultivábamos en pacífica o igualitaria sociedad con un campesino de Chunán, del otro lado de las colinas. Allá íbamos en octubre o noviembre para la siembra, y en marzo o abril para los trabajos de la cosecha. Aquel sitio se hallaba en una parte dee la ribera que se llama Ninacanya, esto es “cerco de fuego”, y en verdad habían en lo yermo de esas faldas, y en lo austero del paraje, algo que evocaba la sequedad de tierras heridas por el rayo y marcadas así por un fuego oculto y primordial.

ENTRE COLINAS

Nunca supe los nombres de las colinas onduladas que se encontraban tras de nosotros. Su aridez no invitaba a subir por ellas, pero a veces yo lo hacía, hasta media altura, para contemplar el panorama. Desde nuestra era no se podían ver las cumbres del macizo del norte, cuyo nombre quechua es Pusaj huaja, es decir “ocho cumbres”, a cuyos pies se encuentra el pueblo de Paca y a las que de algún modo se acoge, a pesar de la distancia, mi ciudad natal. Esas crestas azules, tutelares, desde donde descendían cursos de agua límpida. Veíamos, sí, allá al frente, un cerro con ruinas de colcas, llamado por eso “Pueblo Viejo”. Y hacia el sur, lejos, la severa cima del Jiulahuila. Elevaciones que componían todas, con el lago en primer plano, un sobrio y hermoso paisaje.

EL PAÍS DEL SILENCIO

En ese tiempo los totorales ocupaban, salvo al lado sur, sólo una franja delgada y variable a lo largo de las orillas. En un punto, sin embargo, muy cerca de nuestra propiedad el agua llegaba al borde mismo de una estribación rocosa, por donde pasaba un sendero. Y allí, me acuerdo muy bien, el agua era de una metálica transparencia. Y por eso, y por lo retirado del lugar, me gustaba sentarme en esa orilla, en los momentos lib res, y pensar, soñar, mientras  la mañana transcurría despaciosa. En ese punto desde el cual se apreciaba, mejor que en ningún otro, la pureza del aire, el cielo de un azul profundo , las nubes refulgentes. Y el silencio.

Sí, un silencio como no lhe vuelto a sentir en ninguna otra parte. Semejante, sin duda, al que reina en las lagunas de la cordillera, pero detenido, casi irreal, en ese punto de Ninacanya. Y es que a esas horas de la mañana, en los días del invierno serrano, no corría la brisa, y las aves atendían en paz y tranquilidad a sus quehaceres. A veces parecía, incluso, que era inminente una aparición sobrenatural. Un amaru, quizás, de nuestras leyendas. Esas sierpes aladas que, según algunos relatos, subían a la puna en pos de la misteriosa flor de la sullawayta. A lo mejor, pues, con un poco de suerte y de paciencia, podría yo ver surgir del agua, por lunos instantes, ese levistán andino. ¿No se decía en el mundo helénico, como supe más tarde, que la mejor hora para que los dioses se mostrasen a los hombres era la del mediodía?

RECUERDO DE AVES

Aún poblaban las márgenes gaviotas, parihuanas y huachhuas, patos y paujiles. Y si bien se precavían del hombre, porque en ocasiones merodeaba por allí algún cazador solitario, aún era posible verlas casi a tiro de piedra, picoteando la vegetación, alisando sus plumas y dejándose mecer por las ondas. Aún se escucha ban, ya por la tarde, sus reclamos, y cómo de pronto alzaban vuelo y se perdían en la distancia.

Yo no pensaba en retiros, desde luego, cuando se trataba de ayudar en los trabajos de la era, en las cuales tomaban parte las hijas y nietas de nuestro aparcero. Entre ellas se hallaba Julia, espigada adolescente de quien andaba, y no de modo muy platónico, algo enamorado, aunque ella no llegó a saberlo nunca. De ojos levemente rasgados y de un andar de cierva.
Nos sentábamos, pues, en torno a la parva, y acometíamos con entusiasmo la tarea que se nos encomendaba, que consistía en arrancar las mazorcas de las cañas cortadas ya y amontonadas por el padre y el hermano de la bella. Y mientras cumplíamos se charlaba, se bromeaba, se reía. También se cantaba, en especial ese huayno antiguo cuya letra decía: “Reloj de campana,/cadenita de oro,/cuéntame las horas/para retirarme”. Mas lo menos que yo deseaba, por cierto, era dejar esa gratísima compañía. Sentado allí, mientras la mañana avanzaba, en esa felicidad que parecía sin término…

P.S.

¿Qué queda hoy de ese paisaje? Están allí, por cierto, la laguna y las montañas, y los cielos de nubes radiantes, y las riberas donde pacen los toros y tienden, aquí y allá, sus prendas recién lavadas las muchachas. Pero la totora se ha extendido, en ciertos puntos, de modo desmesurado, y en otros casi ha desparecido. Y han proliferado, indetenibles, las algas, por efecto del uso indiscriminado de abonos en los márgenes, y por las aguas contaminadas que se vierten. No más, por el oeste, las riberas bucólicas, sino unos restaurantes edificados sin concierto, a los que llaman recreos, de chillones colores. No el silencio de otrora, sino la bulla de altavoces y bocinas. Y surcan las aguas botes a motor, que derraman aceites y combustible. Y la laguna se encamina así, poco a poco, por irresponsabilidad e ignorancia, a su extinción. Y por ello, aunque no lo quisiéramos, esta nota tiene el carácter de una elegía…
– Edgardo Rivera Martínez.

En principio, nuestro planeta tiene un mecanismo de defensa para mantenerse saludable, a pesar de la constante agresión que cometemos millones de nosotros mediante conductas que agravan la contaminación ambiental. Ese mecanismo de defensa de la Tierra es lo que se llama biodegradación.

La biodegradación, entonces, consiste en la capacidad de los microorganismos naturales para transformar  la basura y sus contaminantes en compuestos menos peligrosos que puedan integrarse a la biósfera. La biodegradación, para sus efectos,   requiere  de condiciones favorables como la humedad, los nutrientes, el oxígeno,  la temperatura, a fin de que las transformaciones positivas se produzcan en el menor tiempo. Cuanto más contaminado esté un ambiente, la biodegradación actuará con más dificultad y lo grave es que pueden darse condiciones irreversibles.

Por esta razón, toda forma de contaminar el medio ambiente es un atentando en contra de nuestro planeta, el único hogar de todos. Es lo que ocurre cuando alguien arroja basura en el lugar menos conveniente o en el lugar donde los niños juegan o donde en algún instante deseamos sentarnos para buscar un contacto con la belleza del mundo natural.

La contaminación ambiental y el calentamiento global van de la mano. Es que somos millones de seres humanos indolentes, poco inteligentes, que arrojamos al suelo las envolturas de los alimentos, un pedazo de plástico, lo que resta de una lata de aceite, diversos productos tóxicos, que al final generan un aire envenenado que nos envuelve y va debilitanto a las plantas, a los animales y naturalmente a cada uno de nosotros. Los suelos se empobrecen, la vegetación desaparece gradualmente, la humedad disminuye, no hay lluvias, la nieve perpetua deja de ser tal y el calentamiento global es una consecuencia lamentable. 

Claro que, en este sentido, algunos países como Francia y Alemania han asumido políticas encaminadas no solamente al loco quehacer de la vida industrial moderna sino igualmente a lo que no debemos hacer para evitar nuestro suicidio a no muy largo plazo.  

Desde el punto de vista cultural y educativo, nos contaron que en Cuba todos eran celosos de cuidar el entorno y que la basura solo se depositaba en los lugares previstos con tal finalidad. Ocurrió que nos encontrábamos en un autobús recorriendo el centro de La Habana. El tránsito estaba congestionado. En tales circunstancias vimos a un niño consumir un plátano y luego caminar más de una cuadra para depositar la cáscara en el tacho de basura. Era cierto, por lo menos en lo que allí vimos. Había una actitud positiva en un pequeño, en un ser humano en formación. Es lo que en otros lugares falta hace tiempo, para evitar la aparición cotidiana de cerros de basura en cualquier punto de las ciudades.

La basura que arrojamos en cualquier parte es perjudicial a la salud del planeta y aunque existe la biodegradación, el problema no se soluciona por milagro, pues esa basura altera la naturaleza en algunos casos por decenios y cientos de años.

A modo de ilustración, señalamos el tiempo que requiere nuestra basura para integrarse positivamente con el suelo, siempre y cuando se produzcan las condiciones mínimas:

- La cáscara de plátano, 2 a 10 días.

- Los pañuelos de algodón, uno a cinco meses.

- El papel, dos a cinco meses.

- La cáscara de naranja, seis meses.

- Una soga o cuerdas de algodón, tres a catorce meses.

- Los calcetines de lana, uno a cinco años.

- Los cartones usados como cajas o recipientes, cinco años.

- Los filtros de cigarrillos, uno a doce años.

- Los zapatos de cuero, 25 a 40 años.

- Los productos de nylon, 30 a 40 años.

- Los vasos de poliestireno: uno a cien años.

- Los recipientes de aluminio, 450 años.

Cuidemos un poco más la naturaleza, es decir nuestra propia vida, lo que somos en el principio de la historia, lo que seguimos siendo biológicamente y lo que seremos en el futuro.

Hace algunas décadas ya fueron circulando importantes estudios que señalaban la delicada interdependencia entre la Tierra y todos los vivientes, a la par que aconsejaban acerca de lo importante que es mantener el equilibrio ecológico. Sin embargo, la depredación de los recursos naturales, la contaminación permanente del medio ambiente, la irracionalidad de nuestros comportamientos de consumo, continuaron sin mayor variación, salvo los cambios que se asumieron especialmente en países como Francia, Alemania y los Países Bajos. En la perspectiva que tiene Howard Gardner acerca de la inteligencia, la humanidad de hoy habría perdido, en gran medida, la inteligencia natural o ecológica. Al parecer, intuitivamente, todo ser humano se da cuenta qué conductas suyas van en contra de la salud del ambiente.

Como se trata de compartir preocupaciones en bien de la humanidad, aprovechamos las ideas que con mucha claridad nos presenta Bernard Campbell, a propósito de que resulta importante mantener la biodiversidad en nuestro mundo que es único e irreemplazable.

Leamos lo que nos explica Campbell, en la parte final de Ecología humana.

“El estudio de la  ecología nos enseña la interdependencia de todas las partes del planeta Tierra en relación sistémica: el sustrato geofísico, la atmósfera y el clilma, las plantas y los animales. También es evidente que la Tierra depende del Sol como fuente de energía y de la Luna para sus mareas: el sistema es abierto y forma parte del Cosmos. Debido a esta interdependencia total de toda la miríada de componentes de un todo, no es arbitrario comparar la totalidad del sistema mundial con un organismo individual. Aceptamos la naturaleza sistémica de un individuo porque sabemos que existe una interdependencia evidente de los distintos órganos. Si vemos a todo el planeta de esta manera, vacilaremos antes de efectuar cambios importantes y fundamentales en componentes determinados rápidamente y sin pensarlo.

El pensador analítico reduccionista, que examina una parte del sistema sólo para ver cómo esto afecta a otra parte, busca la relación de causa y efecto: A- B-C. Tal pensador cree que si alguien hace algo que es bueno y productivo, entonces un aumento de lo mismo será necesariamente mejor. Esta lógica simple es peligrosa, puesto que se basa en la suposición completamente falsa de que en la naturaleza la causalidad es lilneal y no sistémica. El pensador que reconoce la compleja red de interacciones sistémicas, en cambio, esperará que si alguien efectúa cambios importantes (si alguien continúa la labor), la situación local puede mejorar durante un cierto tiempo, pero luego probablemente empeorará. El sistema se ajustará. Una tal concepción del mundo reconoce la profunda verdad de que para todo existe un valor óptimo (que no es máximo), ya se trate del tamaño de una granja, una compañía o una ciudad, y que alteraciones importantes en los valores de los componentes de un sistema se reflejarán a través de todo el sistema con resultados extensos y probablemente impredecibles y destructores. En realidad, tal es nuestra experiencia. El modelo sistémico de causalidad no es tan nítido y metódico como el lineal, pero, como hemos visto, se acerca mucho más a la descripción de la naturaleza de nuestro planeta.

La religión de un pueblo, su conjunto de creencias, refleja, y en gran medida determina, su actitud frente al mundo natural. Continuamente actuamos basados en nuestras razones: el concepto judeocristiano de la conquista de la naturaleza ha tenido un efecto devastador sobre nuestro planeta. Es evidente que es de absoluta urgencia que sustituyamos esta creencia por otra mucho más sutil, que refleje la verdad de la difícil situación por la que estamos pasando, y que a la larga será mucho más remuneradora para la humanidad en su conjunto. Tenemos que llegar al convencimiento de que somos lo que realmente somos: parte de la estructura intrincada y equilibrada del mundo natural, y no un conquistador que somete la naturaleza a su antojo y explota su riqueza.

Por esta razón ya no es una misteriosa paradoja ver a la naturaleza,  a la vez, como lo múltiple y lo único. Los componentes del mundo natural son innumerables, pero constituyen un único sistema vivo. No hay escapatoria para nuestra interdependencia con la naturaleza; estamos entretejidos en la urdimbre más estrecha con la Tierra, el mar, el aire, las estaciones, los animales y todos los frutos de ella. Lo que afecta a uno afecta a todos; somos parte de un todo mayor: el cuerpo del planeta. Debemos respetar y amar su expresión múltiple si queremos sobrevivir.”

Una de esas tranquilas tardes de setiembre, en un aula del Perú,  pude leer la CARTA ECOLÓGICA DEL JEFE INDIO SEATHL, DE LA TRIBU PIEL ROJA DWANWISH , AL SEÑOR FRANKLIN PIERCE, PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTEAMÉRICA, gracias a la inteligencia y sensibilidad de Mariela Velásquez López, que entre las distintas versiones que ahora conozco escogió precisamente acaso la más completa en el texto y la que expresa con una extraordinaria sensibilidad poética una inquietud relacionada con la vida de todos.

El documento consta de una entrada elaborada por quien recogió esta versión y la hemos puesto en cursiva y, luego, la carta tal como se da en español.

En 1854, el “Gran Jefe Blanco” de Washington hizo una oferta por una gran extensión de tierras indias, prometiendo crear una “reservación” para el pueblo indígena. La respuesta del Jefe Seathl, aquí publicada en su totalidad, ha sido descrita como la declaración más bella y más profunda jamás hecha sobre el medio ambiente.

El dilema que este indio norteamericano tenía, hace más de un siglo, se mantiene aún en a mayoría de los pueblos indígenas de Latinoamérica. Nuestros aborígenes enfrentan, casi a diario, situaciones en las que el amor y arraigo por su tierra, costumbres, sus muertos, son obviados por el “hombre blanco” con sus cánones y su progreso. La pérdida de identidad que los latinoamericanos producimos al indio de nuestra región es constante y creciente, y lo absurdo de esto es que, sin duda, somos hermanos.

¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento, ni aun el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.

Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?

Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo; cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los bosques, cada altozano y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio, nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo, ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila, estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello, consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Ello no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros.

El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente el agua sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que el agua es sagrada y, a la vez, deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.

Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos y, por lo tanto, deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.

Pero sucede que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres, sin importarle. Les secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra, dejando atrás solo un desierto.

No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apenan los ojos del piel roja. Pero, quizás sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.

No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. Pero, quizás también esto debe ser porque son un salvaje que no comprende nada. El ruido parece insultar nuestros oídos. Y, después de todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo. Nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos.

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento -la bestia, el árbol, el hombre-, todos respiramos el mismo aire.

El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días, él es indiferente al hedor. Pero, si les vendemos nuestras tierras, deben recordar que el aire debe ser estimado, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestra tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.

Por ello, consideramos su oferta de comprar nuestras tierras. Si decidimos aceptarla, yo pondré condiciones: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.

Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.

¿Qué sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de gran soledad espiritual, porque lo que le suceda a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado.

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.

Esto sabemos: El hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos, todo va entrelazado. Todo lo que ocurra en la tierra, les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida, él es solo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, queda excepto del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizás el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar ahora que Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero, no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco.

Esta tierra tiene un valo inestimable para Él y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos.

Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que, por algún designio especial, les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un  misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.

Nosotros tal vez entenderíamos si supiéramos qué es lo que el hombre blanco sueña, qué esperanzas describe él a sus niños en las noches largas de invierno, qué visiones les queman en sus mentes para que ellos puedan desear mañana.Pero, nosotros somos salvajes. Los sueños del hombre blanco están ocultos para nosotros. Y porque ellos están escondidos iremos por nuestro propio camino. Si nosotros aceptamos será para asegurar la reservación que nos han prometido. Allí tal vez podremos vivir los pocos días que nos quedan como nosotros lo deseemos. Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra, y su memoria sea solamente la sombra de una nube cruzando la pradera, estas costas y estas praderas aún contendrán los espíritus de mi gente, porque ellos aman esta tierra como ama el recién nacido el latido del corazón de su madre. Si nosotros vendemos a ustedes nuestra tierra, ámenla, como nosotros la hemos amado. Cuídenla, como nosotros la hemos cuidado.

Retengan en sus mentes el recuerdo de la tierra, tal como esté cuando ustedes la tomen y, con todas sus fuerzas, con todo su poderío y con todos sus corazones, consérvenla para sus hijos y ámenla así como Dios nos ama a todos. Una cosa nosotros sabemos: nuestro Dios es el mismo Dios de ustedes. Esta tierra es preciosa para Él. Aun el hombre blanco no puede quedar excluido de un destino común.

 

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